Por Junior Barrios
El estándar y estilo de vida de la sociedad actual, se ha convertido en el emblema más aceptado por la gran mayoría de las personas (e inclusive [y desafortunadamente] por una representación muy significativa de creyentes pertenecientes a la iglesia del Señor) Esto se debe, entre otros factores, a la carencia del conocimiento de la persona de Cristo, El Hijo de Dios (quien a veces es aceptado a plenitud [sin lugar a dudas], en la vida de creyentes genuinos).
El esbozo (*) antes presentado, posee una característica muy peculiar: Está acompañado por un signo el cual permite dar explicaciones, con el fin de aclarar el sentido completo del texto. Gramaticalmente hablando, este signo recibe el nombre de paréntesis. Ahora bien, ¿qué relación guarda este signo tan abstracto con Cristo? Veamos los siguientes aspectos.
Ciertamente, nuestra sociedad moderna se ha convertido en el escenario más abrumador jamás visto en la historia de la humanidad, tal cual se aseveró anteriormente. Y tal condición ha trascendido más allá de las esferas sociales, de tal manera que ha alcanzado e invadido nuestra esfera espiritual, lo cual implica la reducción de nuestra intimidad con Dios. De allí que, “tratar de apartar un tiempo para estar a solas con Jesús debido a mi agenda personal”, se ha convertido en la excusa más perfecta y aceptada por muchos cristianos. Pero, ¿Qué dice Dios en su Palabra? El Señor, con un tono muy claro y enfático, expresa lo siguiente:
“Amarás al Señor con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:4)
Esto deja bien claro que el Señor no exige parte de nuestro ser sino la plenitud del mismo. Ahora bien, el amar a Dios con todo nuestro ser implica la entrega de tres elementos imprescindibles: El alma; lugar donde se centra nuestras emociones y voluntad. La mente; implica el intelecto acompañado por la reflexión; y el corazón, lugar que le corresponde a Dios por excelencia, es decir, su morada permanente. En este sentido, el compartir nuestro ser con aquello que le quite culto a Dios se convertiría en idolatría.
Procurando ir más allá de lo religioso, la vida de un cristiano debería, de igual manera, convertirse en el altar constante del Dios vivo. Esto implica, una vida llena de devoción más allá de la estructura del templo – a lo que suelen llamar iglesia- ; más allá del día favorito en el que se suele ir con toda disponibilidad porque cantarán y predicarán los hermanos con mejor voz y mejor preparación teológica; más allá –en la mayoría de los casos- de la Escuela Bíblica Dominical; e inclusive, más allá de las tres horas de oración y ayuno que se pueda hacer semanalmente. Pero entonces, ¿Cómo puede el creyente mantenerse en comunión con Jesús ante tal reto? Aunque no es tan sencillo sobrepasar tales retos por nuestra condición humana, si es posible (inclusive fácil) para Dios pasar las fronteras de nuestras mentes y corazones debido a su omnisciencia y omnipresencia. De allí que, el orar en el trabajo es posible; hablar con Jesús en la camioneta es posible; tener comunión con él mientras hago mis tareas es posible, ¿Por qué? Porque sencillamente Jesús no interrumpe mi texto para poder aclarar algo, ya que él es el tema principal del cual se desprenden mis ideas secundarias, en otras palabras, no lo atiendo cuando me sobra el tiempo, no le busco porque no tengo otra cosa qué hacer, no le canto solo para que se escuche bien el coro de la iglesia, y mucho menos hablo de él porque es un mandamiento gravoso del cual Dios me pedirá cuenta.
Entonces ¿Es Jesús un paréntesis para ti? O ¿El texto principal de tu escritura?

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