domingo, 26 de diciembre de 2010

El Ladrón y el Justo



Permanecía en silencio mientras sus detractores le acusaban y le señalaban injustamente por un crimen que no había cometido. Su personalidad humilde y dócil producía mucha tensión y ansiedad sobre aquellos que no reconocían su inocencia. La ciudad que lo vio nacer y crecer, le menospreciaba porque no aceptaba una nueva manera de vivir. 

-No importa que sus acusaciones lleguen hasta el cielo -pensó- estoy dispuesto a permanecer en silencio antes las autoridades. Mi conciencia y corazón están limpio – reflexionó-
De repente, una gran multitud, corrió a defender al que cuyas manos aun le destilaban la sangre de aquel terrible homicidio. –Siempre hago lo que quiero, y aun las autoridades apoyan mi desfachatez- expresaba en voz baja- Los tengo a todos tan cegados que aun los hago cómplices, sin darse cuenta del malvado y negro corazón que hay dentro de mí. Pero en fin, al hacer yo morir mi conciencia, no tengo que preocuparme ya de tan silencioso pero terrible enemigo.

Así que, el día del juicio llegó. Y Solo una persona confiaba en la inocencia y justicia de aquel hombre, pero no pudo hacer nada para libarle de aquella abrumadora multitud que le gritaba: ¡Sea condenado! En efecto, fue llevado a su fin, sin poder defenderse. En tanto que el verdadero culpable, merodeaba las calles con una esplendida y miserable sonrisa, vociferando su impunidad.


Tal vez tu reacción ante tal historia, produce cierta inquietud, al ver que no triunfó la justicia para aquel hombre. La Biblia narra la historia de un pueblo que rechazó voluntariamente a un hombre cuya justicia y santidad se reflejaba por doquier. Este hombre, no solo estaba de parte de la justicia, sino que él mismo era la justicia y santidad encarnada, su nombre era Jesús, el Hijo del Dios Viviente. 

Los milagros seguían multiplicándose a favor de los pobres, las sanidades se manifestaban en los cuerpos y el reino de los cielos se acercaba. Sin embargo, aquellos que un día fueron beneficiados por la gracia de Dios, tornaron sus corazones como diamantes. Cuando llegó el momento de defender a Aquel que les socorrió en los momentos más difíciles de sus vidas, prefirieron unirse a los detractores y perjuradores del Señor. Los siguientes versículos bíblicos expresan claramente ese momento:

15 En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo.
27:16 Había entonces uno famoso, llamado Barrabás.
27:17 Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido: "¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?"
27:18 Él sabía bien que lo habían entregado por envidia.
27:19 Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: "No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho".
27:20 Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.
27:21 Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó: "¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?" Ellos respondieron: "A Barrabás".
27:22 Pilato continuó: "¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?". Todos respondieron: "¡Que sea crucificado!"
27:23 Él insistió: "¿Qué mal ha hecho?" Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: "¡Que sea crucificado!"
27:24 Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: "Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes".
27:25 Y todo el pueblo respondió: "Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos".
27:26 Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado. (Mateo 27:15-31)

Esta historia real no deja de repetirse en la actualidad. Las personas prefieren la injusticia antes que la justicia, la mentira antes que la verdad. Y lo peor de todo es que aun se sigue crucificando al Hijo de Dios con nuestras actitudes y desobediencia. Esta historia a diferencia de la anterior, tuvo un final feliz para los verdaderos seguidores de Cristo, porque aunque ciertamente El Señor fue golpeado, escupido y crucificado injustamente, él resucitó para que por medio de su resurrección hoy día el hombre tenga libre acceso a Dios.
Amigo, si valoras el gran sacrificio que el Señor hizo por ti, no seguirás clavándole los clavos, ni colocarás una corona de espinas sobre su cabeza, mucho menos te reirás con sarcasmo y burla ante su bondad inmerecida hacia tu vida. Contrario a ello, vendrás a los pies de tu Salvador, abriéndole las puertas de tu corazón y poniéndolo como verdadero rey sobre el trono de tu corazón. Si así lo deseas, yo te invito a que hagas esta sencilla pero poderosa oración: “Señor Jesús, ya no quiero vivir a espaldas de tu majestad y perdón, ven a mi corazón y sé el dueño de mi vida. Perdona mis pecados con tu sangre preciosa e inscribe mi nombre en el libro de la vida. Quiero ser el templo y la morada de tu Espíritu Santo. Amén

Si entregaste tu vida al Señor al hacer esta oración, te invito a la iglesia Evangélica más cercana de tu comunidad, donde puedas crecer en el conocimiento del Señor y ser así su verdadero discípulo. Dios te bendiga.

Porción Biblica tomada de la Versión Reina Valera

Junior Barrios

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