Los grandes descubrimientos y avances tecnológicos que el hombre ha logrado con su esfuerzo y tenacidad, ponen de relieve la inteligencia y capacidad que éste tiene para resolver ciertos conflictos. De allí que, la importancia de emplear la razón en primer lugar antes que cualquier atributo humano, es un imperativo.
La preeminencia de la sabiduría está sujeta a unos requisitos indispensables tales como: “Desechar lo absurdo”, “Buscar con persistencia”, y otros de naturaleza –paradójicamente hablando- satánica. Este último ha tomado un auge universal, de tal manera que las fronteras ya no son obstáculos, ni tropiezos para la generación actual. De manera que se puede decir que la palabra límite – hasta cierto punto- no existe.
Partiendo de lo antes expuesto, es grato expresar lo siguiente: En el día de la creación nadie estuvo presente, ni aun nuestros primeros padres, pues ellos fueron creados el último día de la colosal obra divina; por consiguiente, somos deudores en cuanto a nuestro verdadero origen. Así que, Dios por medio de su ciencia hizo el maravilloso mundo que disfrutamos hoy día; lo llenó de colorido, trazo sus medidas exactas y sobre todo lo inundo con su inmenso amor. A pesar de esta irrefutable verdad; la duda, y la indiferencia hacia las cosas celestiales, ha reinado de una manera preponderante.
Cuando se hace una comparación entre la sabiduría celestial y la sabiduría satánica, se puede observar un contraste muy acentuado. No obstante, se percibe que el hombre va en pos de ésta última, a pesar de conocer su inminente destrucción. Por esta razón, surge una pregunta: ¿Es el hombre un ser verdaderamente racional? , tal vez para muchos esta interrogante sea un absurdo y/o quizás una incógnita que sólo surge de una mente fanática y religiosa. Sin embargo, seguimos preguntando: ¿Dónde está aquel humano que reconoce sus errores y los corrige? ¿Dónde aquel que respetaba la santidad de Dios? Y ¿qué del amante de la verdad y justicia? La respuesta está en la conciencia que en un sentido figurado ha sido resucitado por la palabra de Dios: La Biblia.
Por Junior Barrios.


