miércoles, 24 de agosto de 2011

Licencia para pecar

         Los ciudadanos en algún momento de sus vidas, han necesitado de la aprobación de documentos que los autorice a hacer distintas  actividades dentro de los roles que le han sido impuestos bien sea en su trabajo, ya en sus estudios, ya en la misma sociedad de la cual es forzosamente copartícipe. Esta facultad de llevar a cabo a cabalidad lo que se necesita hacer recibe el nombre de. Ahora bien, cabe destacar que existen varios tipos de licencia y connotaciones asociadas con dicho término. Existe la licencia estrictamente relacionada con el derecho, el cual se refiere a un contrato que recibe una persona de otra para el uso de sus bienes; licencia para conducir, la cual autoriza a las personas a transitar por las vías legalmente; licencia de industrias, mediante la cual se le da facultad  para comercializar sus productos, entre otros. Paradójicamente, existe también una licencia, que para muchos resultará un tanto contradictoria, y  es la que está relacionada con el cristiano; licencia para pecar.
            Desde la perspectiva bíblica, hemos considerado un mensaje santo, puro y verdadero. Las sagradas escrituras nos han presentado a un Dios cuyos atributos activos y morales trascienden el tiempo, el espacio y las diferencias culturales. Ella misma nos presenta a un pueblo que surgió de los propósitos y promesas de Dios para cumplir con su voluntad (entiéndase la voluntad  de Dios), pero que en su transitoriedad toma un rumbo ajeno a los planes divino. Consecuentemente, Dios levanta a profetas y mensajeros que pregonen su palabra al pueblo para que éste atienda al llamado. En este sentido, el Señor levanta a uno de sus profetas llamado a Amós para dar el siguiente mensaje: Id a Bet-el, y prevaricad; aumentad en Gilgal la rebelión, y traed de mañana vuestros sacrificios, y vuestros diezmos cada tres días. Y ofreced sacrificio de alabanza con pan leudado, y proclamad, publicad ofrendas voluntarias, pues que así lo queréis, hijos de Israel, dice Jehová el Señor.” Amós 4:4-5. Por consiguiente, el permiso que Dios da para pecar, aparentemente es un hecho.
            Considerando las palabras de Dios dadas al profeta, es imperativo detenerse ante tal llamamiento. Recordemos que Bet-el era el sitio donde Dios hizo promesas a Jacob de bendecirlo; Gilgal, el sitio donde se celebró la pascua después de cruzar el Río Jordán, y en el cual Josué edificó un Altar. Asimismo se hace memoria del deber de los sacerdotes de llevar sacrificios continuos delante del altar de Dios y una serie de ritos impuestos por el Señor, los cuales obviamente, no se estaban poniendo en práctica debido a su condición profana. De manera que, el mensaje de Dios aquí proclamado es una severa reprensión a los líderes religiosos de aquel entonces.
            Paralelo a este pueblo se encuentra la Iglesia de Cristo, quien representa al Israel espiritual, quien de igual manera ha recibido de parte de Dios diversas bendiciones, promesas y por supuesto, responsabilidades. Este cuerpo místico, en las últimas décadas ha enfrentado diversos cambios relativamente significativos, ya que muchos miembros –creyentes- han solicitado la tan deseada licencia. Si bien es cierto que  Dios se presenta como el que perdona nuestros  pecados y quita nuestras manchas, ¿Por qué entonces queremos solicitar tan mortal licencia? ¿Es que acaso no hemos comprendido que su amor nos guía al arrepentimiento para que seamos alcanzados por su misericordia? No podemos negar que vivimos en un cuerpo cuya naturaleza se rebela contra la santidad de Dios, pero que a su vez somos invitados a participar de la naturaleza divina (2 Pedro 1:4). Así pues, la Biblia nos continúa diciendo que permanezcamos en la libertad con la que Cristo nos hizo libres con tal de que no usemos de esa libertad como ocasión para pecar.
Diariamente encontramos a personas que profesan el evangelio como la regla de fe y conducta que nos conducirá de la tierra al cielo, pero que a su vez solicitan con tanta frecuencia la “licencia para pecar” debido al estilo de vida actual y al facilismo. Si caemos en el pecado por debilidad o cualquier circunstancia, ¿por qué a veces se cree que después de suplicar el perdón de Dios obtendremos una licencia tan vigente que nos haga vivir en pecado? El apóstol Pablo nos advierte lo siguiente: “…Dios no puede ser burlado, pues todo lo que siembre el hombre eso también segará…” Gálatas 6:7. Procuremos entonces de romper esa licencia dándole caducidad de inmediata.
            En conclusión, somos libres de obedecer nuestros deseos sea cual fuere su naturaleza, de igual manera podemos lograr con creces los deseos de nuestro corazón sin que nadie nos detenga, y mejor aun – en términos sarcásticos- tenemos de parte de Dios dicha licencia para cometer con avidez toda clase de mal, pero nunca olvidemos que las consecuencias de usar el permiso de pecar acarreará consecuencias tan nefastas que nos privará de las bendiciones y por ende de la vida eterna. Por lo tanto, todo nos es lícito pero no todo nos conviene. Glorifiquemos a Dios tanto en espíritu como en cuerpo pues a él le pertenece. Dios les bendiga.

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